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Letter to United Nations Secretary General
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Carta de una comunidad futurista
a su excelencia, el Secretario General de las Naciones Unidas
Esta carta es una petición a las Naciones Unidas para precisar una definición del concepto de bien común global y para generar la necesaria transformación del panorama institucional y económico que nos permita enfrentar las cuestiones de supervivencia global que planteamos los prospectivistas abajo firmantes.
Desde la creación de la Naciones Unidas después de la Segunda Guerra mundial, el estado del planeta y de la comunidad mundial han cambiado. La humanidad está enfrentando nuevos cambios globales, en especial aquellos que tienen que ver con la preservación y bienestar de la biosfera, como resultado de las acciones humanas.
Los desafíos que afronta la humanidad son difíciles. La tasa de consumo humano, aparte de inequitativo, está generando el efecto invernadero, está reduciendo la biodiversidad, causa dificultades en el suministro de agua, agotamiento de recursos no renovables y provoca distintos tipos de contaminación. Una percepción general es que la supervivencia de la humanidad y de la biósfera está en juego.
Por tanto, necesitamos iniciar un proceso que nos permita prever de manera más precisa el futuro y difundir el concepto de bien común global a todo el planeta. Esto nos permitiría tratar la biósfera como un jardín de vida y un entramado de ecosistemas interactivos, y a la humanidad como un sabio jardinero gestionando los recursos naturales. En definitiva, nuestro objetivo final es preservar una biósfera saludable para las futuras generaciones.
Las Naciones Unidas están en una posición única para iniciar un proceso prospectivo, para definir el concepto de bien común global y proponer las políticas que lleven a su implementación. Ya ha elaborado la Convención del cambió climático; y sus organizaciones ya están trabajando en sintonía con nuestra propuesta, en concreto: WMO, UNEP, UNDP, FAO y la UNESCO. Está última organización con 60 años de experiencia como la conductora central del mundo en todo lo relativo a la educación, la ciencia y la cultura, así como 35 años en la gestión de la Red Internacional de Reservas de la Biósfera.
Apenas estamos empezando a comprender los mecanismos de la evolución pero, al mismo tiempo, la humanidad está interfiriendo estos mecanismos con nuevos procesos cuyas consecuencias futuras tienen un alto grado de incertidumbre. Hasta el momento, la evolución es aún un proceso lleno de sorpresas, sin un diseño aparente, propósito, metas u objetivos. Un corto plazo ad hoc de selección de procesos manejará fuerzas que permitan sobrevivir a la siguiente selección. Las cinco previas mega catástrofes, 445, 365, 250, 200 y 65 millones de años así lo muestran. En varios casos estos procesos no han permitido que sobrevivan ni siquiera los más adaptados. La Humanidad ahora ha interferido con procesos nuevos e impredecibles dentro del orden natural y la historia. Así, como seres morales, debemos desarrollar un uso más sensato de nuestra tecnología para estar a la altura de nuestra responsabilidad con el futuro de la vida en general.
Ignoramos si este elemento adicional -acaso intencional- supone una mejoría en los mecanismos evolutivos. En todo caso, después de 200 años de humana, conciente, experimentación científica nuevas mega catástrofes parecen inevitables: el cambio climático y el crecimiento de la población de Homo sapiens a expensas de la supervivencia de otras especies de las que nuestra sobrevivencia depende. Para mucha gente en el planeta la situación esta deviniendo crítica.
Una estrategia de gestión prospectiva y un plan de acción para el Planeta Tierra en conjunto debería estar científicamente basada en dos leyes ecológicas fundamentales: el reciclaje de materiales y un flujo de energía de sentido único del Sol y la Tierra al espacio exterior. Esto daría énfasis a dos criterios de calidad: un uso más eficiente de los recursos (flujos renovables y recursos) y la no acumulación de desperdicios en el medioambiente.
El concepto del bien común global a escala planetaria, es un ideal de incuestionable nobleza, puede enfrentar la oposición de todo tipo de intereses creados y las necesidades de ser definido y defendido sobre la base no del corto plazo, sino desde un paradigma a largo plazo. El bien común global no será el fruto de la negociación entre cabilderos de intereses convencionales; ha de definirse -insistimos- desde una perspectiva a largo plazo, humana y general. Y, también, desde una postural moral, una posición que reconozca que los humanos son parte de una diversidad de ecosistemas interconectados y que el planeta es el hogar de muchas otras especies.
En el caso del uso de energía, se puede concluir que, técnicamente, la humanidad podría sobrevivir consumiendo per cápita una fracción de nuestro consumo corriente actual y esto sería posible con una combinación de acciones: conservación, eficiencia, avances tecnológicos y cambios económicos. La disponibilidad de agua dulce pronto será causa de un disputa global más crítica. El concepto de bien común global debería ofrecernos opciones más precisas acerca de cómo resolver nuestros problemas de gestión de recursos.
Llegados a este punto, una pregunta debe formularse: hay nuevos conceptos sistémicos disponibles? ¿tales como balance energético, sistemas de información de análisis de sostenibilidad avanzados y nuevos modelos futuros internacionales? En la red de Naciones Unidas existen muchos sistemas de conocimiento de expertos de alto nivel que podrían ser útiles en este contexto.
Algunos ejemplos de las cuestiones por dilucidar son: ¿Cuánto carbono, nitrógeno, fósforo, etc. circula en los intercambios internacionales? ¿Cuántas de estas transacciones podrían racionalizarse? ¿Qué medidas deberían ser tomadas? ¿De qué manera la continuación de la situación actual es compatible con el bien común global?
Deben recabarse datos científicos sobre la evolución del planeta y de la biodiversidad y hacerlos accesibles al público en general, quien es el decisor en última instancia. La educación debe preparar a las nuevas generaciones para afrontar los retos y los límites de los futuros posibles. Las raíces culturales tienen que ser reactivadas en relación con la preservación de la vida y con la co-evolución. Las Naciones Unidas podrían promover la investigación y el tratamiento de los datos necesarios para conseguir una comprensión global de los flujos de recursos naturales, consumo y generación de residuos, no en términos monetarios sino también en cantidades físicas dentro y entre las naciones. Toda esta investigación, educación y cultura tiene que ser construida para generar acciones eficientes hacia el bien común global.
Sin una investigación independiente probablemente nunca sabremos de opciones que sean probablemente de poco interés para los negocios o social limitada a una estrategia al corto plazo. ¿Quien, aparte de Naciones Unidas, puede defender una misión de investigación independiente de interés global? ¿Quien, aparte de Naciones Unidas, puede proporcionas información no sesgada y tener la legitimidad de promover acciones moralmente justificadas?
Reconocemos la gran importancia y el valor de las acciones iniciadas y conducidas hasta el momento por las organizaciones de Naciones Unidas. Sin embargo, urgimos a Naciones Unidas que promueva y apoye acciones -en el orden de la magnitud requerida- para definir el bien común global, para solucionar los problemas citados y para generar la transformación asociada al entorno institucional. Creemos que los prospectivistas y el pensamiento de futuros tienen mucho que ofrecer en este proceso en la medida que la prospectiva puede fundamentar decisiones presentes en función de un mejor conocimiento de sus consecuencias a largo plazo.
Translation Jordi Serra (Spain)
Annex
One of us has summarized our concern in a poem :
We are learning creatures,
unlike any other higher species.
We made the whole globe
our evolutionary niche,
unlike any other higher species.
Are we wise enough
to conduct conscious evolution for all?
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